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sábado, 19 de marzo de 2016

BIBLIAS SAGRADAS Y MONSTRUOS

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CAPÍTULO 1º
AULLIDOS EN LA NOCHE
         −¡Vamos, Derek, date prisa! −Pide la joven Connie Stilton a su novio mientras cruzan a toda velocidad el famoso y extenso "Central Park" de New York con el fin de llegar a sus casas después de pasar la tarde con unos amigos de picnic en el lugar.
         −¡Por el amor de Dios, Connie! Cualquiera diría que tienes miedo de algo −se burla Derek antes de alcanzarla y tomarla del brazo para, seguidamente y con un rápido movimiento, besarla en los labios de manera tan cálida y sensual, que la chavala no puede evitar notar un estremecimiento de puro placer recorriendo su cuerpo antes de separarse de su chico y replicar fingiendo estar enfadada:
         −Pues no, no tengo miedo de nada. Es solo que se hace tarde, y nuestros padres deben de estar empezando a preocuparse.
         −Pero si sólo son las nueve y media de la noche −protesta su compañero, volviéndola a agarrar del brazo e intentando besarla de nuevo, cosa a lo que Connie se resiste con todas sus fuerzas entre divertidas carcajadas, antes de quedar en silencio y con una expresión de profundo asombro y terror dibujados en el bello y aniñado semblante de adolescente.
         −¿H-has oído eso? −Inquiere entonces, después de haber logrado zafarse de la presa de su amigo.
         Derek, que también lo ha oído, se lleva el índice derecho a los labios, pidiendo silencio, al tiempo que aguza el oído para captar mejor el sonido.
         −¿E-era un aullido? −Titubea Connie, temblando de miedo de la cabeza a los pies.
         −Deben de ser los lobos del zoológico del parque −replica el muchacho, intentando dar a su voz una firmeza y un valor que está muy lejos de sentir realmente.
         −Suena demasiado cerca para tratarse de los lobos del zoo −replica su bonita amiga, mientras vuelve a pegarse a su cuerpo y permite que vuelva a abrazarla para confortarla y protegerla de cualquier posible mal.
         De repente, otro sonido, éste totalmente inconfundible, llega hasta ellos, obligándolos a abrazarse el uno al otro con todas sus fuerzas.
         −¡E-eso ha sido un grito de mujer! −Casi chilla Connie Stilton, para luego comenzar a tirar del brazo de su chico en un desesperado intento porque se ponga de nuevo en movimiento y salgan los dos de allí lo antes posible antes de que, sea lo que sea lo que ha hecho gritar a la desconocida, los alcance a ellos también.
         −Espera un momento −pide entonces Derek para desesperación de la chavala−. Tal vez necesite ayuda.
         −¿¡QUÉÉÉ!? −Chilla Connie con toda la fuerza de sus jóvenes pulmones para luego ver, con una expresión de puro terror pintada en el semblante, cómo Derek se aparta de ella y comienza a internarse de nuevo entre los árboles del parque, en busca del origen de los desgarradores gritos femeninos.
         −¡Chist! −Ordena el muchacho llevándose el índice derecho a los labios en un clarísimo e imperioso gesto, para luego agregar en un tenue y tembloroso susurro−: Creo que es por aquí. ¡Vamos, sígueme!
         Poco después llegan a un claro del bosquecillo artificial, y lo que ven les hiela la sangre en las venas.
         Ante ellos pueden ver lo que a todas luces parece un enorme lobo con trazas de ser humano y bajo él, lo que queda de una infeliz desdichada a la que la bestia ha arrancado la cabeza y sacado las tripas, que aparecen esparcidas por todo el contorno sobre la hierba.
         Ahora es el turno de la joven Connie Stilton de chillar fuera de sí con toda la fuerza de sus pulmones, mientras su novio intenta por todos los medios que no lo haga, tapándole la boca con la mano en un desesperado empeño por conseguirlo, porque si algo tiene muy claro es que no quiere que la criatura que tienen a tan solo unos metros los vea y les haga lo mismo que a la indefensa desgraciada, cuyos restos aparecen diseminados por las cercanías.
         Pero no lo logra, porque la bestia que hay ante ellos posee un oído y un olfato preternatural, y ha captado su presencia nada más llegar ambos al lugar, y ahora se gira lentamente hacia ellos, con sus enormes fauces abiertas de par en par, mostrando unos colmillos tan grandes y afilados como cuchillas, antes de alzarse sobre sus piernas o patas traseras y, de un prodigioso salto, plantarse ante los dos aterrorizados jóvenes, paralizados por el pánico más absoluto.
         Antes de acabar con ellos dos de manera salvaje y brutal, lanza un aullido dirigido a la Luna llena que brilla en el cielo.

         Los tres cadáveres horriblemente mutilados de las primeras víctimas del peligroso licántropo serán encontrados por el equipo matutino de limpieza de "Central Park".